
Durante el mes de mayo del 2026, el DEI recibió nuevamente a personas provenientes de distintos territorios de Abya Yala para participar en el Taller Socio-Teológico: Acciones colectivas para fortalecer la esperanza: migración y comunidades en resistencia.
Liderazgos comunitarios, activistas, personas de fe, educadoras populares e integrantes de organizaciones de base llegaron para encontrarse, compartir experiencias y reflexionar colectivamente sobre los desafíos que enfrentan las comunidades migrantes y los territorios en resistencia. El proceso buscó fortalecer herramientas políticas y comunitarias desde una perspectiva sociopolítica y teológica crítica, emancipadora, antipatriarcal, decolonial y antirracista.
“Me inspiró venir porque miraba que era un espacio muy creativo, de compartir conocimientos y también conocer más de cerca las historias de cada país”, compartió Mirtala Martínez, integrante del movimiento indígena lenca de Honduras.
Otras motivaciones que trajeron a las personas participantes al Taller fue la necesidad de encontrar herramientas para acompañar los desafíos que viven sus comunidades. Lázaro Valeras, integrante de la Red Ecuménica de Fe por Cuba, explicó que decidió participar debido al impacto que la migración está teniendo en su país. “Quisiera llevarme hacia Cuba varias herramientas para trabajar con las personas jóvenes”, comentó.
Pensar la migración desde los cuerpos y las comunidades
El recorrido formativo inició con una serie de encuentros virtuales que abordaron la reconfiguración del poder mundial, los impactos de la movilidad humana y los desafíos del acompañamiento a personas migrantes. Posteriormente, durante las semanas presenciales, las reflexiones se profundizaron a través de metodologías participativas, cartografías sociales, diálogos teológicos, análisis políticos y espacios de intercambio de experiencias.
Lejos de comprender la migración únicamente como un fenómeno individual, el taller permitió analizar sus efectos sobre comunidades,
“Estamos entendiendo que la migración es un fenómeno que va más allá del individuo. Es también una experiencia colectiva y social que fragmenta nuestro tejido social”, señaló Jorge González, del Movimiento Estudiantil Cristiano de Cuba.
Las conversaciones también permitieron visibilizar los impactos diferenciados que viven mujeres, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y personas de la diversidad sexual, así como las múltiples formas de resistencia que emergen desde los territorios.
Saberes que nacen de la vida
Uno de los ejes centrales del Taller fue el reconocimiento de las experiencias comunitarias como fuentes legítimas de conocimiento. Las jornadas dedicadas a las memorias afrodescendientes, las luchas indígenas, los feminismos comunitarios y las experiencias de acompañamiento a personas migrantes permitieron poner en diálogo saberes que con frecuencia quedan fuera de los espacios académicos tradicionales.
“Resistir en comunidad y con memoria nos hace más resilientes para sostener nuestras luchas”, reflexionó Ricardo Chica, miebro del colectivo Status Queer de Ecuador.
Por su parte, Cristina, integrante del colectivo feminista Enjambre en Guatemala, destacó la importancia de explorar nuevas herramientas para el trabajo territorial: “Me quedo con muchas preguntas, otros análisis y otras formas de ver los mapas. También con la reflexión sobre cómo reivindicar la menstruación como un acto político liberador para las mujeres y las niñas”.
A través del juego, las dinámicas creativas, los espacios de escucha y los encuentros entre experiencias diversas, el Taller reafirmó que los conocimientos producidos desde las comunidades son fundamentales para imaginar futuros más justos.
Esperanza como práctica política
A lo largo de las semanas, la esperanza apareció una y otra vez como una palabra clave. No como optimismo ingenuo ni como espera pasiva, sino como una práctica colectiva capaz de sostener procesos organizativos y resistencias comunitarias.
Las reflexiones sobre espiritualidad, comunidad, ternura, memoria y cuidado de la vida permitieron recuperar la esperanza como una herramienta política para enfrentar la desesperanza producida por la violencia, el despojo y las múltiples crisis que atraviesan nuestros pueblos.
“Considero que hay mucha desesperanza en el mundo y en el Taller estamos aprendiendo muchas cosas en torno a la esperanza y también a pensar otras formas de futuro”, expresó Frida Quintas, miembra de Morras sociopolíticas en México.
En los días finales, los grupos compartieron proyectos comunitarios, herramientas de educación popular y propuestas de trabajo narrativo y territorial, que continuarán desarrollándose en sus respectivos contextos.
Volver a los territorios
Más allá de los contenidos y las metodologías, muchas personas coincidieron en que uno de los mayores aprendizajes del Taller fue la posibilidad de construir comunidad.
“Me llevo muchas herramientas metodológicas para el trabajo comunitario, pero también me llevo amistades, momentos bonitos y la resignificación de nuestros seres”, señaló Silvia Almeida, de Young Men´s Christian Association en Ecuador.
Para Sonia Federico, de la colectiva feminista Mujeres sociopolíticas MamaTingo en República Dominicana, la experiencia estuvo profundamente vinculada con la sanación colectiva.
“Aprender cómo sanarnos en comunidad ha sido algo muy hermoso. Me llevo los abrazos, las sonrisas, el compartir juntas y juntos, llorar juntos. Ha sido un encuentro maravilloso”.
Con la ceremonia de cierre, la música, y el intercambio de experiencias entre organizaciones y movimientos de distintos países, el Taller Socio-Teológico 2026 concluyó formalmente. Sin embargo, las conversaciones, las alianzas y los aprendizajes construidos durante estas semanas continúan viajando de regreso a los territorios. Porque, como quedó demostrado una y otra vez , la resistencia y la esperanza no es algo que se espera: es algo que se construye colectivamente.



































